Panamá, Carmenza Céspedes (en español)

Una Reflexión de los últimos 820 días en Bocas del Toro

por Carmenza Céspedes  – Voluntaria de Cuerpo de Paz  Panamá 1998-2000

Al cercarse la fecha de mi partida de Panamá, el lugar que he llamado mi hogar por los últimos dos años y medio, empiezo a recordar las razones porque decidí dejar mi familia en Nueva York para trabajar como voluntaria de Cuerpo de Paz, una agencia gubernamental del EU iniciada hace 40 años al nivel mundial, para colaborar en programas de desarrollo a nivel comunal.

Las razones son varias y como un disco las tengo grabada por el hecho de explicarlas a numerosos Panameños que he encontrado en el camino.  Siendo hija de inmigrantes Colombianos siempre me ha interesado vivir en Latino América y mejorar mi dominio del idioma natal de mis padres.  También me fascinó la oportunidad de poner en práctica mis estudios universitarios en administración de negocios y mis experiencias laborales en el ambiente internacional de negocios.  Pero en el fondo de estas razones y las otras diez que me ayudaron a convencer a mis padres de mi decisión, siempre sentí el deseo de trabajar con la gente más necesitada para aprender de ella, y a la vez aportar con mi conocimiento en su desarrollo para lograr un futuro más fructuoso y lleno de esperanza.

Durante los últimos dos años como voluntaria de Cuerpo de Paz, en el programa de Desarrollo Económico Comunitario, he capacitado e implementado sistemas de control para el mejor manejo de los negocios de micro empresarios y grupos organizados en Changuinola, ubicada en la bella provincia de Bocas del Toro.

Changuinola siendo una cuidad rodeada por los bananales, la primera actividad económica de la provincia, cuenta con una población de 40,000 habitantes.  Por 100 años la compañía, United Fruit Company conocida hoy como la Bocas Fruit Company, ha atraído una multitud de gente a esta región buscando empleo.  La diversidad etnia del bello pueblo panameño está representada aquí por los latinos, negros con raíces antillanos, centro americanos y los diferentes grupos indígenas como los Kunas, Naso (Teribe) y  Ngäbe, coincidentemente conformando la mayoría de la población Bocatoreña.

En Septiembre de 1998, yo llegué a Changuinola a través de la invitación de La Organización Bocatoreña de Apoyo a la Micro y Mediano Empresa, O.B.A.M.M.E., una asociación sin fines de lucro, fundada en 1995, para el apoyo a la micro empresa.  Mi deber con O.B.A.M.M.E, ha sido trabajar con la asociación para fortalecerla y a asesorar los socios en cuanto a sus necesidades particulares en el manejo de sus negocios: contabilidad, mercadeo, control de calidad y atención al cliente etc.

Juntos hemos luchado a impulsar al micro empresario para que logre agruparse, para que  así pueda confrontar y mejorar la problemática que sufren los empresarios en el sector formal e informal en cuanto a financiamiento, administración y auto gestión.

Con los altos y bajos hemos podido lanzarnos a un nuevo reto.  Hoy me siento contenta de ver la organización motivada y trabajando con un nuevo proyecto a gran escala. O.B.A.M.M.E. esta formulando un proyecto de Canalización y Relleno de un Canal de Drenaje en el Centro Comercial de Changuinola, para luego construir un mercado comercial donde daríamos respuestas a los empresarios ya que ellos confrontan problemas de ubicación.

Durante mi estadía he tenido la oportunidad de conocer otros grupos organizados a través de O.B.A.M.M.E.  He trabajado a nivel regional con artesanas Ngäbe, como La Asociación de Productores de Mesi Kiga (A.P.R.O.M.E.K.), una asociación que se dedica a la confección de sus artesanías tradicionales como la nakwa (vestido tradicional), chácara (bolsa de fibras naturales) y chaquira (collares y pulseras).  A través de nuestra gestión las artesanas han podido aumentar su conocimiento básico de prácticas de negocios, puestos de ventas y mejorar la calidad de sus productos.  Actualmente, nos encontramos construyendo una casa artesanal adonde los miembros pueden confeccionar su artesanía.

Hoy por hoy puedo concluir que mi meta de compartir mis conocimientos con algunos Panameños y juntos buscar las soluciones para un mejor nivel de vida se ha cumplido.  Me siento complacida de haber dejado una semilla plantada que da esperanza de seguir creciendo.  Irónicamente, me encuentro en una situación similar de la cual me fui de mi país hace dos años y medio.  Al despedirme de todas las personas que generosamente me abrieron las puertas de sus negocios y casas, me embarga hoy la tristeza en saber que muy pronto partiré.   Quizás el mayor logro que he realizado ha sido el laso de amistad con estas personas con quienes he compartido en mi estadía.

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